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martes, 12 de noviembre de 2019

VETERANOS EN FORMACIÓN.


Desde que el Ejército del Aire se creó hace 80 años, piénsenlo bien... ¿qué elemento puede haber en su inventario que haya estado en Servicio prácticamente durante todo ese tiempo y lo que es más, que siga aún en Servicio hoy día? ¿Quizá un avión concreto, un edificio en particular, algún vehículo especial? 

En el vídeo elaborado por el Cabo Felipe Florido y el Subteniente José A. Ferrer, descubrirán nada menos que tres elementos que tras décadas de Servicio siguen como unos nobles "veteranos en formación" y que se han ganado, todos y cada uno de ellos, ser protegidos, conservados y tratados como auténticas piezas de museo, aunque todavía no se les haya erigido ningún monumento.



lunes, 16 de septiembre de 2019

EL LANZABOMBAS “MARTE” DE CIPRIANO RODRÍGUEZ DÍAZ.


Por Blas Vicente Marco.

De nuevo recurro al magnífico blog de Carlos Bourdón (porque creo, sinceramente, que para los amantes de la historia de la aviación, ya no quedan otros lugares dónde publicar o los pocos existentes carecen de la calidad y difusión necesaria para este tipo de artículos), a fin dar a conocer el trabajo de un genio olvidado de nuestro pasado aeronáutico.

En esta ocasión, sigo con el tono “armamentístico” de los últimos artículos, pues tengo noticia de que, en 1932, el capitán de ingenieros D. Cipriano Rodríguez Díaz, alias “Cucufate”, diseñó un revolucionario lanzabombas que suplió a los anticuados y engorrosos lanzabombas usados en los Breguet XIX.

Según nos narra el biógrafo Antonio González-Betés Fierro (http://dbe.rah.es/biografias/4746/cipriano-rodriguez-diaz), Cipriano Rodríguez Díaz, nació en Laredo (Cantabria), el 11.2.1904 – y falleció en Sierra de la Vall, Gandesa (Tarragona), 2.10.1938. Fue un Ingeniero militar, piloto y observador de aeroplano, además de investigador e inventor, que ingresó en la Academia de Ingenieros de Guadalajara dónde terminó sus estudios el 8 de agosto de 1923 con el empleo de teniente de Ingenieros. Entre 1924 y 1927 actuó en las campañas de Marruecos como observador bombardero de un grupo mandando por Eduardo González Gallarza, participando incluso en el Desembarco de Alhucemas en septiembre de 1925.  En 1928 se encontraba destinado en el Aeródromo de Cuatro Vientos, en el Grupo de Experimentación de Aeroplanos, lo que le dio ocasión para realizar numerosos vuelos de pruebas de aeroplanos y motores, por todo el territorio nacional. Intervino en las pruebas específicas de los aeroplanos A.M.E. diseñados por los ingenieros militares Bada Vasallo y González Gil y construidos por los talleres militares de Cuatro Vientos y los Loring RIII del también ingeniero Jorge Loring. En el mismo año Construcciones Aeronáuticas (CASA) recibió un contrato para construir dos aeroplanos de gran radio de acción, a partir del Breguet XIX que fabricaba bajo licencia. Los dos aeroplanos se destinarían en principio a los proyectos de vuelos de largo alcance a realizar por los aviadores militares, Barberán, González-Gil, Iglesias y Jiménez.


Fotografía de Cipriano Rodríguez durante la guerra civil (Archivo Juan Arraez).


En 1930 fue nombrado jefe de escuadrilla. Con la oportuna autorización oficial toma parte en la “Challenger Internacional” organizada por Alemania. Junto a Carlos Haya, y en un Breguet XIX modificado, conquistó el trofeo Harmon y el Diploma de Honor y la Medalla de la Liga Internacional de Aviadores.

En 1931 por reorganización de los servicios de aviación pasó destinado al Mando de Material y a su Laboratorio de Ensayos del Laboratorio Aerodinámico de Cuatro Vientos. 


                   Aviones Breguet XIX. (Archivo Juan Arraez).

Rodríguez Díaz siguió preparando vuelos con Haya en los años siguientes, lo que simultaneó con una época de diseños que luego explicaremos.

Cuando estalló la guerra, en 1936, se encontraba cursando sus estudios del primer año de la carrera de Ingeniero de Telecomunicación. Estaba en zona republicana y fue detenido, pero logró escapar y pasarse a zona nacional. A continuación, comenzó a prestar sus servicios en Aviación, desarrollando una importante labor en la organización de las fuerzas aéreas.

Se le encomendó en marzo de 1937 el mando del recién creado Grupo 6G-15 de He 45. El 7 de Octubre de 1937, ya como comandante, pasó destinado al Estado Mayor de la recién creada Brigada Aérea Hispana. Posteriormente pasó a mandar un Grupo Savoia 81 den la Batalla del Ebro y posteriormente fue nombrado jefe del Grupo 4-G-12, equipado con aviones italianos Romeo-37, que hicieron famoso el bombardeo en “cadena”.

Falleció en el frente del Ebro cuando el aparato que pilotaba, un Romeo 37, fue alcanzado el 2 de octubre de 1938 por los disparos de las baterías antiaéreas. El y su tripulante no tuvieron otro recurso que lanzarse en paracaídas, pero el del comandante Rodríguez Díaz se desprendió y se estrelló contra el suelo, muriendo en el acto.

Le fueron concedidas a título póstumo numerosas condecoraciones, y sin duda, dejó un hueco importante en el mundo aeronáutico español.

En el transcurso de mis investigaciones sobre la Brigada Aérea Hispana, localicé esta biografía de “Cucufate”, (así apodado por sus compañeros de armas).

Lo que más me llamó la atención de esta biografía preparada por González-Betes era una cita correspondiente al año 1933 que trascribo textualmente: “Justo en este momento, El 21 de julio de 1933, el presidente del Consejo de Ministros y ministro de la Guerra recompensó a Rodríguez Díaz, con la Cruz de 1.ª Clase del Mérito Militar, con distintivo blanco, pensionada con el 20 por ciento de su actual sueldo hasta su ascenso al empleo inmediato por haber ideado y construido un aparato de transmisión eléctrica para lanzar bombas desde avión denominado “Lanzabombas eléctrico marte”.


Noticia aparecida en prensa con la recompensa recibida por Cipriano Rodriguez. (Archivo Blas Vicente vía Carlos Mallench).

Lamentablemente, hasta la fecha, no había obtenido más datos de este llamado “Lanzabombas MARTE”.
Curiosamente, en fecha reciente, la hija de Carlos Haya, Miretxu, me puso en contacto con D. Javier Rodríguez Ibran, hijo de nuestro protagonista, quién conserva, casi como único recuerdo de su padre, la patente encuadernada del indicado Lanzabombas.

Del texto consultado, he conseguido una somera explicación de qué era este lanzabombas.

Al parecer, en los C.A.S.A. Breguet XIX de la época, los lanzabombas usados eran bastante incómodos al uso y poco efectivos, además requerían de una preparación excesivamente molesta tanto para el observador como para el propio piloto.

Rodríguez Díaz se propuso eliminar estos problemas diseñando un lanzabombas eléctrico más efectivo que los anteriores. Lo que nuestro protagonista pretendía era “hacer disparos de las bombas de forma sencilla y en cualquier posición del observador”, además de “aumentar la precisión”.

Básicamente, las condiciones que pretendía reunir este diseño eran las siguientes:
1ª.- Suprimir el esfuerzo del observador y permitirle que hiciese los disparos en cualquier posición.
2ª.- Suprimir el retardo entre el momento de hacer el disparo y el de la salida de la bomba del avión.
3ª.- Permitir realizar el lanzamiento de bombas con intervalos regulares de tiempo, a poder ser, con una décima de segundo como mínimo.
4ª.- Poder disparar las bombas de una en una, por ráfagas de tres, por ráfagas de seis, o tirando todas las bombas a la vez.

Así, en 1932 diseñó lo que él denominó “Lanzabombas Eléctrico C.R. (Tipo IV  A-5)”. La patente fue obtenida en Junio de 1932 bajo el número 122.123 de la Aviación Militar Española. Fue diseñado para ir montado en el interior del fuselaje del Breguet XIX (para 32 bombas), al lado del depósito de combustible. También se diseñó una versión para ser montada en el avión Loring III (para 30 bombas).

El modelo estándar era el diseñado para el avión de reconocimiento C.A.S.A. (Breguet XIX), preparado para lanzar 32 bombas Hispania A-5 de 12 kilos, en cuatro filas de a 8 bombas cada una. Las bombas se disponían suspendidas por la cola y cuando recibían el impulso eléctrico se desprendían de su sujeción.

El lanzabombas se componía de 4 partes fundamentales:
A)    El Carter de Mecanismos, colocado al alcance del observador (en su asiento y a la izquierda), en el que van alojados el buscador, el combinador, el seguro y el contador de disparos.
B)    El disparador, también al alcance del observador (a la izquierda del mismo) y unido al cárter de mecanismos mediante un enchufe.
C)    El cajón de bombas, construido en chapa de “duraluminio” unido al cárter mediante un enchufe y sus 32 cables de mecanismos (uno por bomba).
D)    Y las transmisiones, con las palancas necesarias para el tiro, al alcance del observador y del piloto.

Los impulsos eléctricos llegaban de la propia batería con que contaba el avión, que iba alojada en el lugar destinado a ella y conectada con cables al lanzabombas y su cajón de mecanismos.

En definitiva, y según he podido saber, fue una revolución total en los sistemas de bombardeo de la época que, sin duda, suplió las carencias manifiestas de principios de los 30´s. También es de imaginar que quedó, junto a los aviones para los que fue diseñado, anticuado, con la llegada de los nuevos bombarderos alemanes e italianos en el año 1936, pero que, sin duda, merece el pequeño reconocimiento que con este artículo pretendo.



Arriba, portada de la patente conservada por Javier Rodríguez y usada en este artículo (Archivo Javier Rodríguez).  Abajo, bomba Hispana A-5 con espoleta entera. (Archivo Antonio Alonso).


                                       Arriba, distintas vistas del lanzabombas.



                      Arriba, esquema de sujeción de una bomba por la cola. Debajo, detalle.


              Arriba, el lanzabombas colocado en el Breguet XIX.

Mi agradecimiento a Miretxu de Haya y a Javier Rodríguez por su amabilidad, su colaboración y su enorme interés por sacar a la luz nuestro pasado aeronáutico. Y, cómo no, a Juan Arráez, Antonio Alonso y Carlos Mallench, por su inestimable ayuda, como siempre.

lunes, 2 de septiembre de 2019

Daga-machete para jefes y oficiales de Aviación. (Reglamento de Uniformidad para la Aeronáutica Militar, de 13 de julio de 1926).


Por Santiago Guillén González.

El 13 de julio de 1926 se aprueba por Real decreto el nuevo Reglamento de Uniformidad para la Aeronáutica militar, este será el primero en dotar a todo el personal del Arma de Aviación de un uniforme específico. Las principales prendas que lo componen son de color verde amarillo oscuro popularmente conocido como verde botella. Tal vez las piezas más representativas de este nuevo uniforme son; el gorro tipo isabelino y la daga-machete, esta última para jefes y oficiales. El reglamento describe en un extenso texto las distintas piezas que lo componen y fue editado en la Colección Legislativa del Ejército, el cual estaba acompañado de láminas a todo color. La modalidad de uniformes que describe este reglamento son; el uniforme de gala, el de media gala y diario para jefes y oficiales, además también se ocupa de las distintas prendas para clases y tropa.

En este trabajo veremos únicamente la daga-machete o espadín y las galas que completan el conjunto. Este está formado por el cinto, cordón fiador y los guantes blancos y su uso estaba restringido al uniforme gala en actos de sociedad. Para ilustrar el artículo he utilizado alguna de las láminas aparecidas en la Colección Legislativa acompañando al texto, las  cuales describen con bonitos dibujos cada una de las piezas que conforman el conjunto daga y galas.


Cinto y daga-machete para jefes y oficiales de la Aeronáutica militar. (Reglamento de 13 de julio de 1926.)  Lámina Colección Legislativa del Ejército. (Colección Santiago Guillén).


Descripción: de piel negra, con dos tirantes de piel y mismo color, hebilla dorada con emblema de aviación rodeado de laureles. El cinto guarnecido con dos galones lisos dorados, lleva unido al tirante anterior, una cadenilla dorada para suspender el espadín. Este será enteramente dorado con el puño de marfil, llevando en la cruz, por el anverso, el emblema de Aviación y por el reverso el escudo de España. El cordón fiador, de hilo de oro con trenzado de seda verde.

      Las dimensiones de la Daga son las siguientes:
                                   Longitud del puño,    110 mm.
                                   Longitud de la cruz,     90 mm.
                                   Longitud de hoja,       360 mm.
                                   Longitud de la vaina, 390 mm.
                                   Distancia de la primera anilla a la boca de la vaina, 45 mm.
                                   Distancia entre las dos anillas, 80 mm.
      Las dimensiones de la chapa del cinturón son las siguientes:
                                   Longitud, 60 mm.
                                   Ancho,     50 mm.

Hoy en día la daga-machete del reglamento de 1926 es una pieza muy apreciada en el mundo del coleccionismo de objetos militares. Son dos los motivos de que esto sea así; el primero por la belleza y excelente trabajo de acabado dado por los armeros en esta época, el segundo  es por su rareza, ya que estuvo en vigor solamente hasta 1931. Con la llegada de la República se prohíbe cualquier motivo monárquico en la uniformidad y se reglamenta un nuevo uniforme para la Aviación Militar, quedando como es obvio derogado el  uniforme verde botella y por tanto también el uso de la daga. Algunos ejemplares de esta que aparecen actualmente en el mercado de antigüedades llevan  las coronas reales retiradas o limadas, cumpliendo de esta forma la prohibición del uso de cualquier signo monárquico en prendas u objetos del uniforme. Por último, con la aprobación del Reglamento de Uniformidad para el Ejército del Aire de 15 de noviembre de 1946, se ratifica el uso de la daga con uniforme de gala para generales, jefes, oficiales y suboficiales. El modelo de daga aprobado para los primeros es en la práctica un calco del diseño de la daga-machete modelo 1926 al que se le ha sustituido la corona real por la imperial y el escudo monárquico por el escudo del Estado español aprobado en 1938. También desaparecen de la vaina, las dos flores de Lis que son sustituidas por dos abrazaderas con anillas. Se conserva la cadenilla pero con doble caída y el fiador que será dorado. El cinto de gala de tela azul-gris está forrado en su totalidad por galón dorado y desaparecen los dos tirantes de cuero. La hebilla con el emblema de aviación es redonda y dorada.

El autor tiene constancia del uso de la daga-machete modelo 1926, por personal del Ejército del Aire durante los años 40-50. Estas dagas fueron adaptadas con la cadenilla y el fiador del Reglamento de 1946, dándole con ello un aspecto muy similar. Es muy posible que el “tuneado” del primitivo modelo de la daga por parte del propietario se hiciera para aprovechar un magnifico espadín guardado en el cajón desde principio de los años treinta que al fin y al cabo sería vuelto a llevar en contados actos sociales a lo largo del año. Está claro que sus propietarios ya tendrían el rango militar de general o como mínimo de jefe ocupando puestos de responsabilidad en el Ejército del Aire.


Arriba, daga-machete y cinto del Reglamento de Aeronáutica de 1926. Abajo daga y cinto del Reglamento del Ejército del Aire de 1946. No cabe duda de que las dos dagas tienen un diseño muy similar, siendo la primera de ellas usada desde los años 40  por algunos oficiales del Ejército del Aire, adaptándola al nuevo reglamento al incluir la cadena con doble caída y fiador dorado. (Colección Santiago Guillén).  


En la imagen superior vemos la recreación de la lámina de la Colección Legislativa con Daga-machete y cinto de gala originales, que pertenecieron al capitán de Artillería y piloto-observador Ricardo Bellod Keller, condecorado con la Medalla Militar individual y propuesto para la Laureada de San Fernando por su actuación con la escuadrilla De Havilland DH4 en la Guerra de Marruecos. En 1932, en vuelo entre León y Monforte de Lemos, por avería de motor se ve obligado a buscar un campo para aterrizar, chocando con un muro de piedra con lo que se produjo el incendió del avión. El capitán Bellod murió dos días más tarde al no ser posible el traslado a un hospital por la gravedad de su estado. (Colección Santiago Guillén).


El capitán Ricardo Bellod Keller con uniforme verde botella del Reglamento de 1926, y emblema de piloto y observador. (Archivo Santiago Guillén).

Algunos detalles del cinto y la Daga-machete
del Reglamento de 1926.


Detalle del anverso de la empuñadura y de la parte superior de la vaina. En la hoja podemos apreciar “Fabrica de Toledo”


Detalle del reverso de la empuñadura donde se aprecia en la cruz el escudo monárquico.



Arriba, vista de la hebilla por su parte delantera. Debajo vista de su parte trasera donde se aprecia el  enganche. El ancho del cinturón es de 45 mm. y el de galón 12 mm



 Arriba, detalle del interior de cinturón en el que se ve la sujeción de uno de los tirantes de cuero. Debajo parte trasera del cinturón con la lengüeta para ajustar la hebilla.



Arriba, detalle del tirante corto con el mosquetón y la cadenilla de donde cuelga la daga. Esta cadenilla  tiene una longitud de 160 mm. La longitud de los tirantes son: el largo de 650 mm., incluido el mosquetón. El tirante corto mide 270 mm., incluido el mosquetón.  Abajo o portaguantes trenzado en seda verde y oro. Longitud total, 480 mm. En el cordón hay dos pequeños pasadores bordados con hilo de oro que al cerrarse entre ellos sujetan los guantes blancos del uniforme de gala.



Imagen de la Daga-machete con el fiador y los guantes de cabritilla sujetos a él. (Colección Santiago Guillén).



Caja original para guardar la daga. Esta caja era proporcionada por el establecimiento que vendía este tipo de complementos para el uniforme militar. El “Tirador de oro García” tenía tienda en el número 10 de la calle Mayor de Madrid. (Colección Santiago Guillén).


Arriba base de la caja de cartón con el nombre del cliente que ha adquirido la daga. El responsable del negocio ha escrito Sr. Bellot  cuando lo correcto es Sr. Bellod.(Colección Santiago Guillén).


Arriba Daga-machete y cinto con algunos complementos del uniforme para la Aeronáutica militar del Reglamento de 1926. De izquierda a derecha, daga y cinto,- gemelos para camisa en su estuche,- funda de paño para proteger la daga,- juego de botones para la guerrera,- encima de ellos, emblema metálico de color oro que se llevaba en las charreteras,- pala rígida con el grado de Jefe de Escuadrilla para la guerrera de diario. (Colección Santiago Guillén). 


 Arriba estuche con gemelos para camisa. Lleva el emblema de la Aeronáutica militar, son de plata y de adquisición particular en comercios de efectos militares. (Colección Santiago Guillén).


Factura de compra de la daga y diversos efectos. (Archivo Santiago Guillén).

Factura de la casa de Efectos militares Navas, a cargo del capitán Eusebio Paredes, donde sale reflejado el importe de la daga, el cinturón o ceñidor y el portaguantes o fiador. Todo por un importe de 105, 50 pesetas en 1927. En la actualidad y más desde la entrada del euro  es difícil pensar en pesetas a pesar de que la cantidad  parece pequeña, pero hay que tener en cuenta que la nómina mensual  de un oficial aviador en la década de los años veinte raramente  pasaba de las 900 pesetas. Es por este motivo que la adquisición de las galas y el espadín así como las charreteras, se podría considerar un lujo bastante oneroso para la nómina de un joven oficial. El sello que aparece a la derecha en la que se puede leer “Admítase. El comandante mayor” se debe a que la factura ha tenido entrada en la Mayoría de la Unidad a la que pertenece este capitán y admite la factura como respaldo a un adelanto de nómina o préstamo a devolver mediante descuento en los haberes. (Archivo Santiago Guillén).


Capitán Eusebio Paredes Morando. Piloto y observador militar, viste el uniforme verde botella en versión de gala en el que se aprecia perfectamente el cinturón y la Daga de la  que cuelga el fiador o portaguantes. Los guantes solían confeccionarse en hilo o en piel de color blanco. El capitán Eusebio Paredes de ideas conservadoras y estando destinado en Cuatro Vientos, fue detenido al negarse a luchar por la República. Confinado en la Cárcel Modelo fue sacado en noviembre de 1936 y fusilado en Paracuellos de Jarama. (Colección Santiago Guillén).

Agradezco a Carlos Bourdon el uso de su blog para mostrar este artículo.

Fuentes: Artículo realizado por Santiago Guillén González. Daga y complementos originales de la colección del autor.
Bibliografía: Aerostación, Aeronáutica y Aviación. José María Bueno, 1983. Colección Legislativa del Ejército de 1926.

lunes, 29 de julio de 2019

EL MISTERIO DE LAS GRANADAS "P.O. 1" DEL EJÉRCITO DEL AIRE

Por Blas Vicente Marco

            Llevo mucho tiempo intentando sacar a la luz las cosas más curiosas o los hechos más desconocidos de nuestro Ejército del Aire y de la historia de la aviación española, y hace poco me he topado con una incógnita en cuanto a armamento (en lo que no soy, para nada, un entendido).

            De lo que si estoy seguro, por lo que voy percatándome, es que casi desde el mismo inicio de la historia del Ejército del Aire, éste ha contado con un material novedoso y exclusivo, en cuanto a vehículos, uniformidad, armamento, etc.

            En cuanto a armas, ya vimos en un artículo anterior la adopción del singular Mauser Mod. 1944. Al parecer, las singularidades, en cuanto a armamento, no quedaron ahí. En torno a dos años después de la adopción de dicho Mauser Mod. 1944, el Ejército del Aire adoptó una nueva y exclusiva arma: la granada de mano "PO".


                    Esquema de las grandas P.O. 1 sacado de internet.

Veamos un poco sobre la historia de esta granada:

            Terminada la Guerra Civil, se encontraban en los cuarteles y parques del Ejército una gran cantidad de tipos de granadas de mano que al pasar de los años iban quedando obsoletas, aunque seguían usándose. Era preciso, por tanto, adoptar una nueva granada. Ésta debía ser efectiva, funcional, económica de fabricar, que pudiese hacerse con materiales existentes en territorio nacional, de diseño novedoso, y, por supuesto, de construcción nacional. En este sentido, y según el Boletín Oficial del Estado número 130, de 10 de Mayo de 1946, se publicó la Orden de 28 de Abril anterior, del Ministerio del Ejército (Dirección General de Industria y Material), firmado por el entonces Ministro del Ejército, Fidel Dávila Arrondo, en la que se establecieron las bases del concurso para la elección de un nuevo tipo de granada de mano reglamentaria para el Ejército.

            En estas bases, ya se hace una descripción de las características que debía presentar la nueva granada:

Empleo.-Único: fácil manejo en la obscuridad y rápida y fácil colocación del cebo, impidiendo la falsa posición de éste.
Acción.- Gran detonación; efectos decisivos contra personal por la acción de la onda explosiva en un radio de 5 a 10 metros; explosión instantánea al término de su recorrido al ser lanzada y pocos fallos (no deben ser de mecha).
Forma.- Forma exterior que facilite el lanzamiento a la mayor distancia posible sin embarazar al soldado con excesivo volumen, ni se preste a ser detenida en su marcha por ramas de árbol o malezas, como es fácil empleando la cinta. Las formas más favorables son la cilíndrica y la ovoidea.
Dimensiones. - Aproximadas: 10 centímetros de Altura y 7 cm. de diámetro.
Pesos.- De la granada cargada: 300 + - 50 gr.
De la carga explosiva: 100 a 150 gr.
Seguridad.- Almacenamiento: Insensibles a la humedad y lo menos sensibles posible al fuego y a la explosión por influencia. Transporte: insensibles a los golpes, caídas y a impactos. Durante la trayectoria: Imposibilidad de que se produzcan explosiones prematuras a distancia del tirador que pueda representar un peligro para éste. En caso de fallo: No debe constituir un peligro para las tropas propias que puedan tropezar con ellas en el avance posterior al lanzamiento y permitir ser recogidas sin peligro.
Construcción.- Sencilla y de poco coste; muelles (si los hay) fácilmente conservables.

            Con estas premisas, los distintos diseños fueron presentados y probados por una Comisión designada a tal efecto, que eligió un diseño que, aunque no cumplió el 100 % de las características, fue el más ajustado a las mismas. El diseño ganador fue el de la empresa Plásticas Oramil, S.A. De ahí la designación de la granada con las iniciales de dicha empresa PO. Tras su adopción definitiva, sabemos que inicialmente se surtió al Ejército de Tierra con este nuevo tipo de granada, pero poco más tarde fue también adoptada por el resto de armas: la armada, y nuestro Ejército del Aire. La diferencia básica entre las de unos Ejércitos y otros, radicaba en los tapones de las granadas: para el Ejército de Tierra lleva estampado el emblema del Ejército de Tierra; para la Armada, un ancla; para la Guardia Civil, su escudo y para el Ejército del Aire, como no, el emblema del EA ("rokiski" con las alas y la corona).



Dos imágenes de la Granada P.O. 1 del Ejército del Aire, en este caso con un contexto de la EZAPAC. Colección Dani Vives.

Desconozco la fecha exacta de adopción de esta granada por el Ejército del Aire, pero lo que si se[1] es que ésta ya queda reflejada en un manual de municiones del año 1950 perteneciente a la Escuela de Especialistas de León, redactado (pone colaboradores, pero es de imaginar que serían ellos los encargados de su confección) por el comandante R. Campos Pecino y el teniente F. Nieto Vega. En las páginas 42 a 45 se hace una descripción detallada del funcionamiento de la granada, denominándola P.O.I y citando también el modelo "gemelo" P.O.II. La única diferencia entre ambas residía en que la primera tenía el cuerpo de baquelita, mientras que la segunda, el cuerpo era metálico.

            Básicamente[2], se trata de "una granada ofensiva (apenas produce metralla) aunque se la podía introducir en una espiral de acero que se fragmentaba en la explosión convirtiéndola en granada defensiva y funciona exclusivamente por impacto.

            Está fabricada en baquelita, con nervaduras para facilitar el agarre. Tiene en la parte inferior un tapón por el que se debe introducir el cebo-multiplicador y que permite también enroscar una rabiza para utilizarla como granada de fusil. Para utilizarla, tras introducir el multiplicador, se desenrosca el tapón de la parte superior y se lanza. Una cinta de tela con un pequeño peso de metal en el extremo libre se desenrolla por efecto del viento. Cuando llega al final cae arrastrando un pasador al que está atada y que bloquea el mecanismo. Sin este pasador, cualquier movimiento brusco o impacto mueve una pequeña bola de plomo que empuja la aguja percutora contra el cebo, provocando la explosión".


1 Gracias a Antonio Alonso que me ha facilitado copia de dicho documento.



Diversos tipos de P.O. Archivo fotográfico: Antonio Alonso.

Pero, si todas las granadas son iguales, qué es lo que hace diferente a la del Ejército del Aire?. Su peculiaridad radica en el tapón, y no sólo en el emblema. El tapón de la Granada PO del Ejército del Aire, en su parte superior, no es de sección circular, sino cuadrangular. El motivo de esta diferencia es objeto de numerosas conjeturas (hay quien dice que el motivo era para poder quitar esa capucha con las manos enguantadas o incluso que era una especie de solución para ser lanzadas desde aviones, y que también pudiese ser el "rombo" del Ejército del Aire).


            La verdad es que tras mucho conjeturar, la clave está en el libro de la Escuela de Especialistas que se ha indicado anteriormente. Tras una detenida lectura, y tal y como me refiere el amigo Jesús Acosta. Paso a "pegar" lo que pone en la página 44 del mismo:


Por lo tanto, queda confirmado que la única explicación plausible de la existencia del remate cuadrangular, es para quitar la capucha "con los dientes", solución muy castiza. Misterio resuelto. Para terminar, sólo resta decir que sabemos que estas granadas fueron usadas entre finales de 1946 y los años 70 en que fueron sustituidas por las Granadas Expal.


En esta imagen se aprecia perfectamente que el tapón, en su parte superior, es de forma cuadrangular, y además,  simula en su parte superior, un rombo del EA.

Mi agradecimiento a la inestimable ayuda prestada por mis buenos amigos y "tremendos" especialistas, D. Jesús Acosta y D. Antonio Alonso, que son quienes han aportado todos los datos que aparecen en la confección de este modesto artículo, así como a Dani Vives, por facilitarme las fotos que lo ilustran.

domingo, 23 de diciembre de 2018

MAUSER Y BAYONETA PARA EL EJÉRCITO DEL AIRE, MODELO 1944. EL M44 EXPERIMENTAL Nº. 1


Por Jaume Cánaves y Blas Vicente.

Con la creación del Ejército del Aire en 1939, como ejército independiente, fue necesario dotar a sus unidades tanto aéreas como terrestres, de uniformes, reglamentos y también de armas. Es un proceso lento que pasa por distintas fases y distintos Ministros y Jefes del Aire hasta que se crean una serie de pautas definitorias. Muchas de ellas han llegado hasta nuestros días. Uno de los aspectos que se tienen en cuenta (y más chocante) fue el dotar a la tropa de aviación de un arma reglamentaria diferente a la usada por el Ejército de Tierra y por la Armada (Mosquetón Mauser Coruña Mod. 1943). Se trata del mosquetón Máuser Modelo 1944.




De arriba abajo, un Vz. 24 checo, un VZ29 polaco y un Mosquetón Coruña Modelo 1943. Fotos Andrés Recubenis.

Mientras que los Máuser Modelo 1943 del Ejercito de Tierra y de la Armada se basan el Karabiner 98k alemán, el Modelo 1944 del Ejercito del Aire se basa en el Wz-29 polaco (que a su vez era un derivado del Kar 98AZ alemán), de los que se importaron grandes cantidades durante la Guerra Civil por parte de la República[1]. Las diferencias con el Modelo 1943 “Coruña” (reglamentario desde esa fecha en el Ejército de Tierra y la Armada) es que éste suele llevar orejetas protectoras del punto de mira, solamente tiene una anilla y la presilla para el portamosquetón sobre el costado izquierdo, y no necesitó chatón suplementario para la colocación del cuchillo-Bayoneta porque con él se usó uno de nueva construcción con las cotas del modelo alemán, generalmente con anillo, o el original alemán sin anillo, aunque también con las del polaco, checo, de recuperación. También destacan elementos accesorios completamente experimentales, como un freno de boca del que al parecer no se construyeron muchas unidades y con apagallamas (para evitar producir incendios dados que en las bases existía gran cantidad de combustible para los aviones), etc. Se puede observar que estos fusiles tienen un conector para el freno de boca que iría enroscado al cañón. El "botón" bajo la boca del cañón lleva un muelle y dejaría el freno de boca bloqueado para evitar que se desenroscase.    Hace un par de meses, Jaume Cánaves, coleccionista (coautor de este estudio) y en la actualidad residente en Estados Unidos, consiguió en aquél país[2] el Mauser M44 del Ejército del Aire marcado como Experimental nº. 1. Creemos suficientemente importante este hallazgo como para que sea el protagonista del artículo.





Marca de número de serie del Experimental nº 1(abajo)  y otro fusil de lotes posteriores (arriba).




Detalles del roscado del cañón para el freno de boca (arriba y centro) y el freno de boca (abajo). 

Los marcajes son distintos. Así, mientras que los mosquetones 1943 llevan la inscripción del águila de San Juan, el año de fabricación, el nombre de la fábrica, y el número de serie en el lateral (precedido de una letra); el Máuser 1944 lleva el emblema del Ejército del Aire, y en el lateral, al número de serie le preceden las letras EA. Todos excepto al parecer el Experimental nº. 1 que también lleva el Águila de San Juan y el nombre de la fábrica de Coruña. Comparando estos emblemas, se puede observar una variación desde los primeros que lo usaron hasta lotes posteriores, puesto que dicho emblema se fue estilizando.



Detalle del alojamiento del cerrojo en el Experimental nº. 1 con el logo de la Fábrica de Armas de Coruña. (fotografías superior e inferior). Nótese como el cerrojo está completamente “bruñido” excepto la parte sobresaliente que está pavonada.




Véase el emblema del Ejército del Aire en dos ejemplares más tardíos 






Otro de los elementos diferenciadores lo constituyen los elementos de puntería, destacándose en el Experimental Nº. 1 un alza micrométrica con la que ajustar la deriva y que el punto de mira frontal queda completamente oculto.

Dicho esto, hay que pensar que la bayoneta debía adaptarse a este nuevo modelo. Se pretendía también tener una bayoneta propia, alejada de la usada por el Mosquetón Coruña M43, con su característica hoja afalcatada.


Bayoneta para el Mauser Modelo Coruña 1943.

La solución fue doble, por un lado se podían usar bayonetas alemanas o polacas de recuperación (con ligeras modificaciones y añadiéndoles número de serie) y por otro, se construyeron bayonetas nuevas. En cuanto a estas últimas, el nuevo diseño fue una copia del modelo alemán para el mosquetón Modelo 98K. En esta versión, y a diferencia de las bayonetas alemanas de última época, las cachas no eran de bakelita, sino de madera y están sujetas con tornillos pasadores y ovalillos. Se conserva, eso sí, el orificio de engrase junto a la guarda. Normalmente, a no ser de las reutilizadas, no llevan en el lomo de la empuñadura la chapa apagafuego. Esta versión, la española, lleva el ojo para la boca del cañón en el gavilán del lado interior de la cruz y es muy corto. Tiene la hoja recta, con lomo redondo al interior y filo desde la bigotera hasta la punta al exterior, con vaceos de media caña sobre las dos caras. Son varios los marcajes que pueden observarse, destacando que en una de las caras de la bigotera está el escudo de la Fábrica de Armas de Toledo, y en el lado opuesto el número de serie, que imaginamos tendría correlación con el número de serie del fusil. La vaina de esta bayoneta es toda de acero estampado, con botón plano y alargado para el tahalí, y una boquilla fija con un tornillo que, a su vez, sostiene un fleje ondulado para el mejor ajuste de la hoja. Está pavonada en negro o pintada en color gris plomo. Las demás piezas de la bayoneta están bruñidas, incluida la guarda.



Bayoneta española Modelo 1944 para el Ejército del Aire. Fotos archivo Blas Vicente.



Este fusil y su bayoneta, se conservan a fecha de hoy en las unidades del Ejército del Aire como arma para desfiles


·      Nuestro agradecimiento por los datos y fotografías aportadas a los miembros del Grupo de Historia Militar Para Adultos (GHMPA, Manuel, Andrés, Jesús y Miguel), a D. Paco Fuentes,  así como a D. Jesús Porras. Agradecemos igualmente a Carlos Bourdon por su apoyo a través de este blog.




[1] Los datos han sido obtenidos del libro de Barceló Rubí, Bernardo: “TRES SIGLOS DE ARMAMENTO PORTÁTIL EN ESPAÑA”, Barcelona, 2002.

[2] Quizás algún día nos demos cuenta de lo importante que es que en Estados Unidos exista una mayor permisividad con las armas de fuego…gracias a ello se van a conservar intactas muchas armas españolas.